domingo, 4 de diciembre de 2011

Philip Glass - Les Enfants Terribles, 2 y 3 de diciembre, Teatro Arriaga. Bilbao



Tenemos hoy una novedad en La Voz de los Vientos y es que, en esta ocasión, no vamos a hablar sólo de un disco sino de una representación en directo.

El francés Jean Cocteau (1889-1963) fue uno de esos raros artistas totales. Escritor de novela, teatro, poesía, director y guionista de cine, ilustrador, creador de ballets… ninguna expresión artística le era ajena. Su extensa obra en todos estos campos, ha inspirado a un buen número de artistas en los últimos años y, especialmente, al compositor norteamericano Philip Glass, quien dedicó una trilogía operística a tres de las obras más representativas de Cocteau, cada una con sus propias particularidades.

La primera de las tres óperas y la más convencional fue “Orphee” y pronto le siguió la más original “La Belle et la Bete” en la que los cantantes actuan frente a la pantalla en la que se proyecta la película de Cocteau cantando en perfecta sincronía con los movimientos de los actores del film. Hoy nos encargamos de la última parte de la trilogía, inspirada en la novela del francés de 1929 que dio origen a la película co-dirigida por el propio Cocteau y Jean-Pierre Melville en 1950.


Cartel de la película de 1950



El montaje que pudimos disfrutar este fin de semana en el Teatro Arriaga de Bilbao, es una coproducción con la Ópera Nacional de Burdeos a cargo de Emmanuel olivier (dirección musical, primer piano), Sthephane Verite (director de escenografía, iluminación e imágenes), Herve Poeydomenge (vestuario), Romain Sosso (director de imagen), Jean-Marc Fontana (segundo piano) y Francoise Larrat (tercer piano). Las voces son las de la soprano Chloe Briot en el papel de Elisabeth, la mezzo-soprano Amaya Domínguez en el doble papel de Dargelos y Agathe, el barítono Olivier Dumait haciendo de narrador e intepretando a Gerard y, por último, el también barítono Guillaume Andrieux en el papel de Paul.

Vista del Arriaga desde el escenario.

La particularidad de esta ópera, al margen de su acompañamiento musical con sólo 3 pianos como únicos instrumentos, radica en su escenografía cercana al ballet, a cargo de la coreógrafa Susan Marshall. Sobre el escenario, apenas tenemos un puñado de elementos: dos camas, una mesilla por aquí, un par de sillas algo más allá y, especialmente, un inspirado juego de proyecciones que complementan la narración con gran acierto. Nos gustaría destacar especialmente la escena del paseo nocturno de Paul en estado de sonambulismo acompañado de nuestra parte favorita de la partitura de Glass para la obra y la forma en que se resuelve la escena del fallecimiento de Michael en accidente de tráfico, ambas perfectamente narradas mediante proyecciones salvando la imposibilidad de trasladarlas al escenario real.

Dargelos en la escena inicial de la obra.

La historia de Cocteau nos presenta la extraña relación de dos hermanos que construyen su propio mundo imaginario en su habitación propiciado por la enfermedad de uno de ellos (Paul) que queda al cuidado de su hermana (Elizabeth). La burbuja que contruyen se cierra aún más tras el fallecimento de su madre. La aparición en escena de otros dos personajes (Gerard y Agathe) y sus nuevas relaciones con los hermanos propician un juego de celos y envidias que acaba tejiendo la red que terminará en la tragedia final.

Las propuestas operísticas de Glass no terminan de ser plenamente aceptadas por la crítica más conservadora aunque poco a poco empiezan a ganarse un reconocimiento mayor. En La Voz de los Vientos estamos muy lejos de considerarnos entendidos en ópera o en artes escénicas pero el espectáculo que vimos esta pasada noche en el Arriaga nos pareció maravilloso en todos los sentidos. La partitura de Glass, ya conocida por nosotros al haber sido publicada en disco años atrás, funciona perfectamente y los intérpretes cumplen con buena nota, tanto el faceta instrumental como en la vocal y actoral. Destacamos muy especialmente al quinto actor, que no es otro que la propia habitación, protagonista en segundo plano de la obra y principal representante del universo de Cocteau como espacio para la imaginación y en el que todo es posible, incluso el “juego” en el que viven sus mejores momentos los hermanos. La iluminación y las proyecciones animan hasta tal punto la estancia que consiguen que la veamos como, quizá, el verdadero motor de la narración.


Elizabeth y Paul durante el "juego"

Philip Glass habla de la obra en los créditos de su versión en CD y dice que: “Si “Orfeo” es la historia de trascendencia de Cocteau y “La Bella y la Bestia” su historia romántica, “Les Enfants Terribles” es su tragedia. Como las anteriores, nos muestra la creencia de Cocteau en el poder de la imaginación para transformar el mundo real en un mundo mágico pero a diferencia de ellas, en las que la trasformación nos lleva al amor y a la trascendencia en esta nos lleva al narcisismo y, finalmente, a la muerte. De ahí la fuerza de la obra. La bola de nieve que da pie al inicio de la narración se transforma en la bola de veneno de la última escena, Dargelos se convierte en Agathe y la habitación acaba mutando en un espacio de celos y envidias que no permite crecer a los hermanos de modo que lo que empieza siendo un juego inofensivo desemboca en una lucha salvaje y en la tragedia final”.


Agathe, Elizabeth y Paul en un momento de "Les Enfants Terribles"

Aprovechamos la ocasión, primera desde que empezó el blog en la que no comentamos un disco sino una representación escénica, para hacer una pequeña reseña sobre el disco publicado por Orange Mountain Music, sello propiedad de Glass, en el que se editó la música completa de la obra. Como ya hemos comentado en alguna ocasión, OMM es la vía que utiliza Glass para ir dando salida a un buen montón de obras que duermen en sur archivos y que no podrían publicarse en discográficas convencionales, dado el gran volúmen de material disponible. En este caso, se trata de una grabación de 1997 que apareció por fín en formato CD en 2005.

Los créditos del album los ocupan Michael Riesman y Kurt Munkacsi como productores, Christine Arand (soprano, Elisabeth), Philip Cutlip (barítono, Paul), Hal Cazalet (tenor, Gerard, narrador), Valerie Komar (mezzo-soprano, Dargelos, Agathe) junto al propio Philip Glass, Nelson Padgett y Eleanor Sandresky como pianistas.



Obertura de la ópera


Los acostumbrados a la escritura operística de Glass ya sabran que las partes vocales no suelen ser las convencionales en el belcantismo ya que huye de las arias brillantes, concebidas para el lucimiento del intérprete en beneficio de una narración en modo casi recitativo, más teatral que lírica. La parte instrumental, por el contrario, sí que nos parece realmente brillante. Solemne cuando lo requiere la escena, evocadora en otros momentos, onírica a veces y siempre con el sello particular de Glass presente. Entre las piezas destacadas nos quedamos con la enérgica obertura, tema que repite en el climax de la obra, y la pieza casi mágica que acompaña el paseo nocturno de Paul en la que es una de las escenas más bellas de toda la obra.

Os dejamos un par de enlaces por si decidís adquirir el doble CD con la música de “Les Enfants Terribles” y despedimos la entrada con la música de la primera escena de la ópera:



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